Terça-feira, Agosto 16, 2022

La cápsula del tiempo de la cultura

Belén Rodrigo*, PRÉMIO

La Caja de las Letras es uno de los rincones más fascinantes que esconde la capital española, donde se guarda una parte del legado de grandes nombres de la literatura como Gabriel García Márquez, Miguel Delibes, Buero Vallejo o Miguel Hernández. Es algo insólito e inesperado dentro de un edificio emblemático de Madrid, conocido como Las Cariátides, que está situado en la céntrica calle de Alcalá. Se trata de una cámara acorazada donde particulares y empresas alquilaban sus cajas para guardar joyas, títulos y otros objetos de gran valor cuando este edificio era la sede en España del Banco Español del Río de la Plata (sucursal de la entidad bancaria argentina), inaugurada el 29 de abril de 1918. Más tarde, albergó sucursales de otras entidades bancarias como el Banco Central o el Banco Santander y tras varios años cerrado pasó a ser, en el 2007, sede del Instituto Cervantes.

Fue entonces cuando se dio una nueva vida y un uso bien diferente a las 1.767 cajas que forman esta enorme caja fuerte blindada. Aunque la esencia sigue siendo la misma: guardar algo de gran valor. Eso sí, ahora ese valor es totalmente intangible porque hablamos de simbólicos legados que son memoria viva de la cultura iberoamericana. Desde el 2007 todos los ganadores del Premio Cervantes entregan su legado un día o dos antes de recoger el galardón, el 23 de abril, y la caja tiene una fecha concreta de apertura, aunque hay algunas excepciones. Desde entonces, son más de 60 legados los que se guardan en este espacio que pertenecen a destacados nombres del cine, el arte, la música, la danza, el teatro o la ciencia.

El 15 de febrero de 2007 el escritor Francisco Ayala, fallecido dos años después, fue el encargado de inaugurar este espacio donde depositó una carta manuscrita y un legado personal en la caja número 1.032, cuyo contenido no quiso desvelar y permanecerá guardado hasta el año 2057, fecha elegida por el autor. En la caja 1.683 está el manuscrito del discurso que pronunció Miguel Delibes al recoger el Premio Cervantes en 1993, y se abrirá en el 2031. El compositor Luis de Pablo guardó durante unos años una partitura jamás interpretada que se tocó por primera vez el día de su muerte, el año pasado, cumpliendo así su deseo. El cineasta Luis García Berlanga, por su parte, guardó en su caja un guion inédito titulado ‘Viva Rusia’, con el que se completaba una saga cinematográfica. Su contenido se reveló el año pasado y fueron sus nietos los encargados de abrir el arca en el centenario de su nacimiento. El hispanista británico John Elliott depositó hace unos años en la Caja de las Letras un reloj que compró en Suiza a los 16 años de edad, tras publicar su primer libro, un cuento infantil. La bióloga molecular Margarita Salas cedió su primer cuaderno de protocolo, con sus anotaciones personales, que le fue devuelto cuando su cofre se abrió en 2018. Y el escritor chileno Jorge Edwards legó una carta de amor nunca entregada, cuya destinataria se dará a conocer en 2035. La actriz Ana Belén donó las obras completas de Federico García Lorca con las que conoció al autor cuando era niña y se recuperarán en 2050.

Algunos de los legados aquí guardados son In Memoriam, dejados por familiares y organizaciones cercanas a estos autores. Por ejemplo, la pipa de Buero Vallejo fue la herencia entregada por su esposa, Victoria Rodríguez, después de la muerte del dramaturgo, y se guarda en la caja 1.516. En la 1.483 se conserva un arca con la tierra de la casa natal de Gabriel García Márquez, que nunca se abrirá. Los otros legados de estas características son el primer poemario de Miguel Hernández, unas postales manuscritas del cantor argentino Atahualpa Yupanqui y algunos dibujos de la también argentina Alejandra Pizarnik.

El pasado 25 de abril José Saramago se convirtió en el primer escritor portugués en estar presente en esta cápsula del tiempo congelada entre el pasado y el futuro. Unos meses antes lo hacía la brasileña Nélida Piñón, primera autora en la lengua de Camões que entraba en este rincón cultural. Pilar del Río, viuda del Premio Nobel y presidenta de la Fundación José Saramago, fue la encargada de explicar el contenido del legado. Una obra del Padre António Vieira, las pruebas de imprenta de la obra de teatro de Saramago “¿Qué haré con este libro?” (donde narra las peripecias de Luís de Camões para publicar Os Lusíadas), “El año de la muerte de Ricardo Reis”, un texto del Nobel sobre Fernando Pessoa y conferencias, artículos y reflexiones sobre sus maestros, Cervantes y Borges, y sobre sus amigos Alberti, García Márquez y Donoso, entre otros. Además, una dedicatoria a Julio Cortázar: “Si es cronopio, se llamará Julio”. Junto a todos estos libros y textos, también se incluyó una agenda de 2002 y una libreta de direcciones de 1986 rellenada a mano por el autor. Por último, una tarjeta en blanco, un lápiz y un sobre con el sello de Saramago “por si alguno de los habitantes de esta caja quiere comunicarse”. Es también un legado In Memoriam, sin fecha prevista de apertura.

Este proyecto estaba pensado inicialmente para acoger a grandes nombres de la cultura hispanoamericana. Pero Nélida Piñón y José Saramago han abierto la puerta de esta cámara al mundo lusófono. En el caso del escritor portugués, como explicaba Marcelo Rebelo Sousa, “representa el pago de una deuda con España que Saramago no hizo en vida”. Una deuda por toda la influencia recibida.

(Texto escrito na língua de origem do autor)

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